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Cartas

A la Justicia.. .

Con todo respeto:

Me dirijo a la Justicia a fin de comunicarle que la necesito, no solamente para iniciar una causa judicial, sino para que me ayude, comprenda y acompañe en este proceso que tanta angustia y miedo despierta en mí.

Nunca creí, al enamorarme de este hombre al que tanto amé, y con el cual soñé formar una familia feliz, que iba a tener algún día que acceder a las puertas de la Justicia para poner orden en la vida de ambos.

Mi historia es sin duda de Violencia Familiar. No es agotamiento del amor, ni es incompatibilidad de caracteres, sino violencia en todas sus más crueles manifestaciones. Y estoy tan deteriorada por tanto maltrato sufrido que cuando me presento ante la Justicia me inhibo. El solo hecho de tener que concurrir me asusta. Cuando me preguntan me confundo, y llego inclusive a olvidar mi propia historia, tan íntima, tan vergonzante. Y a su vez sucede algo paradojal: mientras trasmito una imagen confusa, contradictoria, ocultando o minimizando lo sucedido, él, que conoce bien mis vulnerabilidades, toma fuerza de mi debilidad y sale airoso ante tanta ineptitud que manifiesto.

Señores Jueces, con todo el respeto que su tarea me merece, quisiera que comprendan que la imagen que a veces presentamos las mujeres maltratadas, por demasiado calladas o en extremo verborrágicas cuando no algo agresivas, confundiendo u olvidando hechos pasados, o bien cuando no actuamos correctamente con nuestros hijos, o cuando después de excluir al violento volvemos con él, no se debe a que seamos enfermas, locas o masoquistas, sino a que hemos vivido amenazadas por la violencia, quizá desde el mismo momento en que fuimos concebidas, y venimos soportando una vida de abusos reiterados.

Comprendo la difícil tarea de administrar justicia y apelo a la necesaria sensibilidad con que debe impartirse, a fin de poder ser cabalmente escuchada.

Es precisamente dicha sensibilidad la que demostró una Jueza cuando le dijo a una mujer maltratada: “Anoche no pude dormir pensando en usted y sus hijos, y me sentí responsable si algo les pasaba”. Y la del Juez que, al leer la carta que le dirigía una jovencita describiendo su hogar violento, concluyó: “No hay más nada que agregar para comprender el dolor de esta familia”.

Soy plenamente conciente de que se espera de la Justicia una actitud que trascienda los límites específicos del procedimiento formal judicial y sepa adentrarse en la resolución del conflicto y la contención humana de las víctimas de la violencia familiar, pero en vuestras manos está depositada gran parte de nuestro futuro y el de nuestros hijos.

Atentamente.

María Cristina Bertelli
en nombre de las mujeres que sufren violencia


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